La leche materna constituye un alimento prácticamente inimitable, tanto por sus

 componentes como por su facilidad de absorción. Los pediatras subrayan que el

biberón no logra aportar los mismos beneficios, ya que se desconoce cuáles son

exactamente los elementos relacionados con el intelecto.

MARÍA SANCHEZ-MONGE
Ilustración de Luis Parejo.
Ilustración de Luis Parejo.

Los pediatras cuentan con un argumento más para recomendar

 la lactancia materna a las mamás: un estudio acaba de

confirmar que potencia la inteligencia. Los datos de más de

14.000 niños muestran que el Cociente Intelectual (CI) de los

 que fueron amamantados durante un periodo prolongado es

 hasta seis puntos más elevado que el de los que recibieron

leche humana durante poco tiempo o fueron alimentados con

fórmulas artificiales.
¿Qué tiene este alimento para ser tan completo? Contiene los nutrientes

 necesarios y en la cantidad adecuada. Pero no sólo cuenta el qué, sino

también el cómo. La lactancia natural permite establecer un vínculo afectivo

 perfecto entre la madre y su hijo.
El trabajo, publicado esta semana en Archives of General Psychiatry, no ofrece

 una explicación causal de los resultados obtenidos. No obstante, los autores

 señalan que no se puede descartar el poderoso efecto estimulador del intelecto

 que propicia el acto de dar el pecho. Además, recuerdan los beneficios de

ciertos nutrientes muy abundantes en el líquido materno, entre los que destacan

 los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. Estos componentes son

 esenciales para el desarrollo cerebral.

¿Cuál de los dos factores influye más sobre la inteligencia? Pediatras y neurólogos

aportan opiniones para todos los gustos. El estudio publicado por el equipo

 liderado por Michael Kramer, del Hospital Pediátrico Universitario de Montreal

(Canadá), es el análisis más exhaustivo realizado hasta la fecha sobre la

relación entre la lactancia materna y el desarrollo cognitivo. No sólo

porque se base en el seguimiento de casi 14.000 niños -criados en Bielorrusia-,

sino porque se ha efectuado de forma aleatorizada.
La mayoría de los trabajos anteriores eran de carácter observacional, es decir, se

limitaban a medir, en un momento determinado, el CI de los niños y a preguntar

a sus progenitores por el tipo de alimentación que habían recibido. En cambio, en

este último los investigadores crearon dos grupos desde el principio para observar

sus diferencias con el tiempo. Con los conocimientos actuales sobre los beneficios

de la leche humana, no resultaría ético dar este alimento a un conjunto de bebés

 y al otro fórmulas lácteas artificiales. Por eso, seleccionaron al azar a las madres

que entrarían a formar parte de un programa de fomento de la lactancia natural y

dejaron al resto que decidiesen por su cuenta cómo nutrir a sus vástagos.
La iniciativa de promoción de la alimentación materna surtió efecto y condujo a un

 alargamiento del periodo durante el cual fueron amamantados los niños. A los tres

meses de edad, el 43,3% de los críos seguía con esta dieta de forma exclusiva,

frente a tan sólo un 6,4% entre los hijos de mamás que no obtuvieron apoyo

adicional.
Al cabo de seis años y medio se midió el CI de todos los infantes y se comprobó

un incremento medio de 5,9 puntos entre los chavales que más leche materna

habían consumido. Esta cifra ascendía a 7,5 puntos de diferencia cuando se medía

 la inteligencia verbal, si bien en la no verbal la distancia se acortaba a 2,9. Los

investigadores pidieron a los profesores de todos y cada uno de los chavales que

realizasen una evaluación de sus habilidades y, nuevamente, la lectura y la escritura

 fueron las actividades en las que se constató el mayor salto cualitativo.
Causas


Los responsables del trabajo piden cautela a la hora de interpretar este posible efecto

 selectivo relacionado con el lenguaje, ya que los mecanismos de control que utilizaron

 para descartar la influencia de factores como el nivel socioeconómico de los padres

 no muestran la misma solidez que en el caso de los valores totales de inteligencia.
Tampoco se inclinan claramente por ninguna de las explicaciones que pueden estar

detrás del desarrollo cognitivo que propicia la lactancia. “Nuestro estudio no puede

proporcionar ninguna información sobre el mecanismo biológico del efecto que hemos

demostrado”, ha explicado a SALUD Michael Kramer. En su artículo se limitan a

apuntar que existen estudios sobre la importancia de los ácidos grasos poliinsaturados

 de cadena larga y del factor de crecimiento semejante a la insulina tipo 1 y que otra

de las hipótesis se basa en los cambios psicológicos permanentes que fomenta el

vínculo que se crea entre madre e hijo durante el amamantamiento, que podría ser

 esencial para una adecuada evolución del sistema nervioso.
Nadie ha dicho todavía la última palabra. Algunos expertos apuestan por el papel clave

que juegan determinados nutrientes; otros creen que es mayor la influencia del factor

 emocional. Finalmente, también hay quien cree que la alimentación no tiene tanta

relevancia cognitiva y lo esencial es estimular intelectualmente a los bebés, algo que

 también pude lograrse con el biberón.
Uno de los pediatras españoles que investigan los beneficios que proporcionan a los

bebés los diferentes tipos de nutrientes es Pablo Sanjurjo, jefe de la Unidad de

Metabolopatías del Hospital de Cruces de Barakaldo (Vizcaya). Aclara que, aunque se

escapa de su campo de estudio, no desprecia la influencia de la relación psicoafectiva.
Aunque se ha estudiado el efecto neurológico de ciertos factores de crecimiento y

hormonas, este especialista no duda en afirmar que los «candidatos más importantes

 son los ácidos grasos de cadena larga». De hecho, hace algunos meses se publicó un

 estudio que ahonda en las bases genéticas de su acción positiva. Los principales

 componentes de este tipo son el ácido araquidónico (AA), del grupo de los omega 6,

y, sobre todo, el ácido docosahexaenoico (DHA), de los omega 3. Puesto que son

esenciales para el desarrollo del cerebro y la retina y éste comienza durante la

gestación, el pediatra apunta que “es fundamental que las embarazadas consuman

cantidades suficientes de alimentos ricos en ellos, como el pescado azul”.
El DHA actúa sobre el desarrollo cognitivo mediante varios mecanismos. Es un

componente esencial de las membranas de las neuronas y de la retina -el niño

aprende porque ve- e influye en todas sus funciones. Es fundamental para la sinapsis

 (proceso de comunicación de las neuronas) y modula la acción de neurotransmisores

 tan relevantes como la dopamina o la serotonina. Por eso, es preciso garantizar el

suministro de estos ácidos grasos durante el periodo clave del desarrollo cerebral, es

 decir, al menos hasta los cinco años de edad.
Déficit nutricional


El pediatra se lamenta de que muchos niños españoles dejen de ser amamantados

hacia los dos o tres meses. A partir de ese momento no se les suministran de forma

 inmediata cantidades suficientes de carne, huevo y pescado, por su alta capacidad de

producir alergias. Por eso, calcula que, «durante al menos seis meses, más del 50%

de los críos presenta un agujero en la ingesta directa de estos ácidos grasos». En

cambio, si se mantiene la lactancia exclusiva por lo menos hasta los seis meses de

 edad, las cantidades necesarias de DHA y AA están garantizadas. Otra opción que

 propone es adelantar un poco la introducción del pescado y el huevo.
Los requerimientos de DHA también pueden proporcionarlos las fórmulas artificiales

que contengan suplementos de estos ácidos grasos, pero hay que tener en cuenta

 que en estas últimas hay que añadir un poco más, ya que su absorción intestinal y su

 biodisponibilidad es un poco menor que en la leche natural.
En la actualidad es obligatorio complementar con estos nutrientes las leches

maternizadas que consumen los bebés prematuros, ya que se ha constatado la mayor

 incidencia de trastornos del aprendizaje y visuales que provoca el déficit de DHA. En

cambio, cuando van destinadas a niños nacidos a término este enriquecimiento es

voluntario, si bien los expertos aclaran que cada vez son más las marcas que han

optado por hacerlo en todos los casos.
En opinión de Sanjurjo, el alimento que proporciona la madre es “prácticamente

inimitable”. No en vano, a lo largo de miles de años se ha beneficiado de los

 “mecanismos darwinianos que han favorecido la evolución humana”. Esta visión es

compartida por María José Lozano, coordinadora del Comité de Lactancia Materna de

la Asociación Española de Pediatría, quien advierte de que la leche materna, “a pesar

 de la gran investigación de la que ha sido objeto, sigue siendo una gran desconocida”.

 Es posible que contenga “muchos factores que probablemente se identificarán en el

futuro y pueden justificar que los niños sean más inteligentes”.
Interacción


La pediatra también considera que existen suficientes evidencias de que la interacción

 materno-filial durante la lactancia tiene efectos muy positivos. Si bien puntualiza que

“no podemos decir que una mujer que no da el pecho es una mala madre” y que

también se genera “un vínculo estupendo cuando se da el biberón”, apunta que

 existe un salto cualitativo cuando se amamanta: “Estás dando de tu cuerpo; te estás

 entregando a ti misma”. Asimismo, indica que basta con contemplar que el bebé no

 suele mirar a la persona que le alimenta de forma artificial, mientras que un niño

mamando “se comunica con su madre”. Esta experta cree que los profesionales

sanitarios son los primeros que no proporcionan a las mamás el apoyo suficiente para

 que apuesten por la lactancia natural. “Cuando las mujeres conocen sus ventajas, les

 echan en cara que no les hayan informado verazmente”, afirma. Por esta razón,

asevera que ha llegado la hora de que se diga claro que “el biberón no es igual a la

lactancia materna”.
Por su parte, María García Onieva, coordinadora del grupo de lactancia materna de la

 Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, manifiesta que

“probablemente no se sepa a corto plazo” qué es exactamente lo que promueve la

 inteligencia. La confirmación que proporciona el estudio de Kramer y su equipo “no es

 total”, pero “en conjunto, dice lo que otros trabajos no tan bien diseñados habían

apuntado”. Además, resalta que existen otras variables que influyen en el CI, como la

 capacidad cognitiva de los padres (que tiene un indudable componente genético) y el

nivel socioeconómico en el que se cría el niño. Además, la inteligencia “no es una sola

 cosa”, apunta. Es un conjunto muy complejo en el que el CI es una parte, pero otro

cimiento fundamental es el desarrollo emocional.
La necesidad de hacer un mayor hincapié en la estimulación de los niños, y no tanto

 en la alimentación, constituye la línea argumental de quienes se muestran críticos con

 las hipótesis anteriormente expuestas. El neurólogo Ignacio Pascual-Castroviejo

asevera que, a lo largo de su trayectoria profesional, “la lactancia materna ha estado

 de moda y ha caído en el descrédito varias veces”. Considera que esta leche es, sin

 duda, “más fisiológica”, pero no cree que influya en el desarrollo neurológico hasta el

 punto que se ha señalado. En esta línea, se refiere a estudios en países con graves

problemas de desnutrición en los que se constató que era mucho más importante que

 el niño recibiese una adecuada atención intelectual.
Otro neurólogo, Josep Artigas, declara que “se ha mitificado tanto la importancia de la

 estimulación temprana como la lactancia materna en relación al desarrollo cognitivo”.

 Asevera que “no hay pruebas científicas sólidas que avalen la idea de que tengan una

 gran influencia”.
Como se ve, no existe un consenso total. En todo caso, los defensores de la leche

humana consideran que la potenciación de la inteligencia, sea de la magnitud que

sea, es sólo una más de las ventajas de este alimento fisiológico diseñado para

proporcionar al bebé las armas que necesitará a lo largo de su vida para enfrentarse

a los peligros que le acechen. Si en los países en vías de desarrollo es esencial la

lucha contra las infecciones, en las naciones más prósperas cualquier aumento en las

habilidades cognitivas supone una ventaja para abrirse camino en una sociedad

altamente competitiva.


El tipo de alimentación no altera la conducta
El trabajo publicado en Archives of General Psychiatry es tan sólo una parte del Estudiode Intervención para la Promoción de la Lactancia Materna (PROBIT, sus siglas eninglés), que se inició en 31 maternidades de Bielorrusia en 1996 y se basa en elseguimiento de más de 17.000 niños nacidos entre ese año y el siguiente. En marzo

 de 2008, los autores publicaron en la revista Pediatrics los resultados del análisis que

 comparó el comportamiento de los chavales que fueron amamantados durante un

largo periodo de tiempo y los que tomaron menos leche humana. Al contrario de lo que

 ocurrió cuando se analizó el CI, en este caso no se hallaron diferencias significativas

 entre los dos grupos. “Sobre la base del mayor ensayo aleatorizado que se ha

realizado en este área, no hemos encontrado evidencias de riesgos o beneficios en

la lactancia prolongada y exclusiva sobre el comportamiento del hijo o de la madre”,

concluyen los investigadores.
En este estudio se examinaron tanto las emociones de los chavales como sus

dificultades para relacionarse con sus compañeros, su conducta social o la presencia

de síntomas de hiperactividad. Asimismo, se evaluó la interacción de los padres con

sus vástagos y entre ellos. La lactancia materna o el hecho de amamantar no actuó

 como modulador de ninguno de estos parámetros.
Los investigadores todavía no han sacado todo el jugo a este megaestudio. Uno de

los próximos artículos que verá la luz será la medición, a los 11 años de edad, de

los índices de diabetes y de factores de riesgo cardiovasculares en los dos grupos

de niños.


Lactancia en España
Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestranque el 68% de las madres optan por la lactancia natural seis semanas después delnacimiento de sus hijos. Sin embargo, esta cifra va descendiendo paulatinamente ya los seis meses tan sólo sigue dando de mamar a sus descendientes el 24,2% de

las féminas.
La Asociación Española de Pediatría recomienda, en vista de la evidencia científica

existente, la alimentación con leche materna de forma exclusiva durante los seis

 primeros meses de vida. Después de esa edad, los bebés deben recibir alimentos

 complementarios, al tiempo que continúen con la lactancia natural por lo menos hasta

 los dos años.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la

Infancia (UNICEF) pusieron en marcha en 1991 la Iniciativa Hospital Amigo de los

Niños, que propone a los centros que suscriban un documento de protección, promoción

 y apoyo a la lactancia materna y apliquen protocolos adecuados. El estudio de

Kramer está inspirado en los principios de este programa.
Tan sólo una docena de hospitales españoles, aproximadamente, tiene esta

distinción.

FUENTE: http://www.elmundo.es/suplementos/salud/2008/756/1210350867.html

Anuncios