Artículo escrito por Julio Basulto.

 

Cuando nuestro precioso bebé va creciendo, nos encanta que llegue el momento en que gatea, en que se sienta, en que da sus primeros pasitos, en que dice “ma-má” o “pa-pá”. Y también nos encanta que coma, que abra su dulce boquita y se alimente con una selección juiciosa de alimentos. Pero este momento, a diferencia de los anteriores, suele no ser tan relajante, para muchos papás. En este artículo se enumeran una serie de apreciaciones al respecto, cuyo objetivo fundamental es tranquilizar a los papás.

 

¿Por qué introducir alimentos?

 

Según la Organización Mundial de la Salud, una de las principales razones por las que se aconseja empezar a introducir alimentos en los bebés es que se exponga a nuevas texturas, sabores, aromas y apariencias, y no tanto para que tome calorías o nutrientes. El motivo fundamental es que el bebé vaya acostumbrándose a saborear nuevos alimentos, hecho que aumentará la preferencia por dichos alimentos posteriormente.

 

Otro motivo es la prevención de la anemia por déficit de hierro. Existe un cierto riesgo de que a algunos bebés les falte suficiente hierro si éste no se introduce en su dieta, aunque los estudios al respecto no son nada concluyentes: no está claro si dicha falta de hierro producirá anemia o si afectará al desarrollo del bebé.

 

Hay más “excesos” que “defectos”: Las nuevas (enero de 2008) recomendaciones de introducción de los sólidos en bebés sanos de Europa1, indican que es raro que los bebés europeos tengan deficiencias de energía, proteína o grasas durante el período de introducción de alimentos sólidos. Es más, se señala que nuestros bebés presentan un nada desdeñable riesgo de tomar demasiada cantidad de dichos nutrientes.

 

¿Cuándo hay que empezar?

 

Lo ideal es mantener la lactancia materna (que tiene que ser “a demanda”) hasta los 6 meses. Actualmente, los profesionales sanitarios responsables de la alimentación del bebé saben que éste “debe alimentarse hasta los 6 meses, de forma exclusiva a base de leche materna o, en su defecto, leche de fórmula”, según informa un reciente consenso de la Comisión Europea y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pues bien, en esta frase hay que matizar cuatro cosas

  • ¿qué es “6 meses”? La frase “hasta los 6 meses” incluye al sexto mes. Es decir, que hay esperar para introducir la alimentación complementaria hasta el último día del sexto mes,

  • ¿Se puede introducir antes? Teóricamente sí (nunca antes del cuarto mes), pero no es recomendable ni necesario. Los beneficios potenciales de esperar hasta los 6 meses para introducir otros alimentos son superiores a los riesgos asociados a no hacerlo.

  • ¿qué significa “de forma exclusiva”? Significa que los bebés no tienen que tomar nada más. Ni agua, ni infusiones, ni zumo de naranja, ni miel, ni leche de almendras, etc.

  • ¿qué es “leche de fórmula”? La leche de fórmula es la que está preparada especialmente para alimentar a bebés pequeños (cumpliendo una estricta legislación al respecto) y que se usa como sustituto de leche materna. Se suele comprar en farmacias, aunque también puede encontrarse en grandes superficies.

 

 

Antes de los 10 meses, mejor. Una importante sociedad europea de pediatría (la ESPGHAN)2 indica que si no se introduce la alimentación complementaria antes de los 10 meses (aproximadamente), podría haber dificultades para hacerlo más adelante. El consejo más sensato, en cualquier caso, es no olvidarnos de “ofrecerle” a nuestro bebé alimentos que puedan gustarle, antes de dicha fecha.

 

¿Qué alimentos , y qué alimentos no?

 

Partiendo de la base de que iremos introduciendo alimentos por grupos, y poco a poco (valorando así si el bebé los tolera bien), conviene tener en cuenta los siguientes consejos:

 

  • Alimentos que “sí”:

  1. Agua. La del grifo ofrece total garantía.

  2. Cereales: arroz, maíz, trigo, avena, cebada, centeno, etc. Con ellos elaboramos alimentos como el pan, la pasta o las papillas de cereales para bebés (las enriquecidas con vitaminas/minerales son ideales). Los cereales con gluten (avena, cebada, centeno y trigo) se pueden introducir a partir del 6º mes, aunque conviene hacerlo poco a poco.

  3. Frutas y hortalizas (puré de manzana, crema de patata y zanahoria…).

  4. Legumbres (puré con garbanzos y patata).

  5. Carne, pescado (excepto el marisco) y huevos (siempre bien cocinados para evitar riesgos).

 

  • Alimentos que “no”

 

  1. Sólidos con riesgo de atragantamiento (frutos secos, cerezas, olivas, aperitivos tipo patatas chips y, en general, cualquier alimento que pueda obturar sus vías aéreas sin que el bebé se dé cuenta). Conviene vigilar a nuestros bebés mientras comen, igual que en cualquier otro momento de su desarrollo.

  2. Desnatados. Hasta los 2 años no conviene que los niños tomen lácteos desnatados.

  3. Un exceso de zumos. Podría aumentar el riesgo de obesidad o caries.

  4. Lácteos en general (excepto las fórmulas infantiles, antes descritas). Su falta de hierro hace que no sea conveniente utilizar más que pequeños volúmenes en la alimentación del bebé.

  5. Sal y alimentos salados (embutidos y aperitivos en general).

  6. Marisco. Podría aumentar el riesgo de alergia, aunque no hay datos concluyentes al respecto.

  7. Miel. Su consumo de ha asociado al botulismo infantil.

 

Ojo con “pasarnos” de proteína. La Organización Mundial de la Salud3 advierte que una introducción temprana de muchos cárnicos resultará en una alta ingesta de proteína, que podría tener efectos adversos (como un mayor riesgo de obesidad4). Como ejemplo, 50 gramos de pollo contienen suficiente proteína como para cubrir las recomendaciones de la mayoría de menores de un año…para todo el día. Es decir, cualquier otro alimento que tome el bebé supondrá un adicional aporte de proteína a su alimentación.

 

¿En qué orden? ¿Con qué textura?

 

Antes de responder a estas cuestiones, conviene subrayar que no más del 50% de las calorías deben provenir de la alimentación complementaria. Es decir, la leche materna o la de fórmula tienen que ser la principal fuente de energía del bebé. Dicho esto, los puntos clave a tener en cuenta son estos:

 

  • Primero ofreceremos al bebé la leche materna (o, en su defecto, la de fórmula), y luego el resto de alimentos.

  • Ofrecer, que quede claro, no es obligar. No vale distraer al bebé para que abra la boca y colarle una cucharada de papilla.

  • El orden de introducción de los alimentos no es relevante, siempre que se tenga en cuenta lo descrito en el anterior apartado. Sólo lo es la progresión, es decir, hacerlo poco a poco para valorar la tolerancia del bebé.

  • Hemos de recordar que los bebés comen poco, porque su estómago es pequeño.

  • Las texturas tienen que ir “in crescendo”, en función de la adaptación del bebé.

 

¿Lo ideal? La leche de mamá. El Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (un proyecto de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria) indica que lo ideal es no introducir proteínas lácteas hasta el año5. Ello incluye, además de a los derivados de la leche, a la leche de vaca que consumimos los adultos, pero también a las fórmulas infantiles. Es decir, lo ideal es que la leche que tome el bebé hasta el año sea la de su mamá.

 

¿Y si no quiere comer?

 

Si nuestro bebé no quiere comer, hemos de recordar que no conviene insistir, ya que ello crea aversiones y aumenta el riesgo de obesidad. Hay comités de expertos, como la Academia Americana de Pediatría, que indican que muchos bebés no estarán listos para tomar nuevos alimentos hasta los 8 meses6. El verdadero riesgo en esta edad está en los peligros del hogar (enchufes, esquinas puntiagudas, mesas de cristal, escaleras, detergentes, medicamentos, ventanas abiertas, bolsas de plástico…) y en no poner el cinturón de seguridad al bebé.

1 Complementary feeding: a commentary by the ESPGHAN Committee on Nutrition. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 2008 Jan;46(1):99-110

2 Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátricas

3 World Health Organization. Feeding and nutrition of infants and young children Guidelines for the WHO European Region, with emphasis on the former Soviet countries. WHO, Geneva, 2003

4 Am J Clin Nutr. 2007 Jun;85(6):1626-33

5 Aten Primaria 2003;32(Supl 2):143-58

6 Pediatrics Vol. 115 No. 2 February 2005, pp. 496-506

 

 

De 5 a 6 meses A partir del 7º mes A partir del 10º mes A partir del 12º mes A partir de los 2 años A partir de los 3 años
No es aconsejable introducir alimentos en la dieta del bebé

Conviene ofrecer alimentos, poco a poco y vigilando las texturas.

Evitar:

1.Sólidos con riesgo de atragantamiento

2.Desnatados

3.Un exceso de zumos

4. Un exceso de lácteos (excepto la leche de fórmula, claro).

5.Sal y alimentos salados

6.Marisco

7. Miel.

Si no se introduce la alimentación complementaria antes de los 10 meses (aproximadamente), podría haber dificultades para hacerlo más adelante Se pueden introducir más cantidades de lácteos (queso, yogurt, leche), vigilando, lógicamente, la tolerancia del bebé

Se pueden introducir los lácteos desnatados.

Su dieta ya debe ser como la del adulto, pero en menor cantidad y evitando los alimentos sólidos con riesgo de atragantamiento

Se pueden introducir los alimentos sólidos con riesgo de atragantamiento (como los frutos secos o las palomitas de maíz).
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