La Fe impulsa el contacto con los prematuros frente a las incubadoras
JAIME PRATS – Valencia – 06/10/2009
  
             

La mejor incubadora es la madre. Esta afirmación, que parece una obviedad, cobra especial importancia en el caso de los prematuros. El regazo materno aporta más ventajas a estos bebés que el equipo más sofisticado del hospital más moderno que pueda existir en cualquier país occidental.
   
           
  
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El hospital diseña una sujeción más cómoda para cuidar a bebés en el regazo

De ahí que servicios de neonatología como el del hospital la Fe de Valencia estén desandando el camino recorrido las últimas décadas -que consistía en volcarse en la tecnología y suplir a la madre por una máquina- y apuesten por la humanización, por el contacto piel con piel entre el pequeño y el pecho de sus padres. Hasta tal punto, que el propio hospital ha eliminado las restricciones de tiempo de las visitas de los progenitores y, como anunció ayer, ha desarrollado una faja especial que facilita la sujeción del bebé y hace más cómodo aplicar este método, llamado madre canguro.

Esta práctica, que se aplica de forma individual o incluso con gemelos, como era el caso ayer de Almudena en la sala de neonatos de La Fe, es un ejemplo más de cómo hacer de la necesidad virtud. Surgió en 1978 en el Instituto Materno Infantil de Bogotá, en Colombia. Ante la falta de incubadoras, desarrollaron un método que, básicamente, consistía en que los pequeños a partir de los 1.500 o 1.600 gramos fueran a casa acomodados en los pechos de la madre mediante sujeciones, de donde obtenían alimento y calor.

Tras los éxitos logrados -menos infecciones y mortalidad, mejoras en el desarrollo físico, intelectual y afectivo-, el método recibió el aval de la Organización Mundial de la Salud y se ha extendido por buena parte de los servicios sanitarios occidentales.

Las incubadoras tienen una función esencial en situaciones críticas. Pero generan un estrés tecnológico (el ruido del respirador, la luz, las alarmas de los monitores) que pueden alterar el desarrollo mental del pequeño. Frente a este riesgo, nada mejor que el contacto con la madre (o el padre) su calor, su olor, sus susurros o su latido del corazón contra la piel del bebé. “Cuanto más tiempo pasen así, mejor”, comenta la doctora Blanca Gascó, de La Fe. “Además, no sólo es positivo para los grandes prematuros, también tiene enormes efectos reparadores en recién nacidos que han permanecido separados de la madre”.

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